sábado, 10 de junio de 2017


"Ver lo que está delante de nuestros ojos    
requiere un esfuerzo constante."    

George Orwell    


EN OCASiONES 



Me gusta el paisaje que se ve desde el tejado de mi casa, quizá porque  
con la costumbre le he cogido cariño, o porque todavía veo ahí (aunque ya 
no está) aquel mural pintado en colores vivos donde árboles, regaderas, bicicletas, 
flores, personas... jugaban a ser felices. Ahora solo hay paredes, ventanas, antenas, 
lotes de líneas rectas que no impiden a alguna palmera asomar su cabecita... 
No son unas vistas maravillosas, pero es el paisaje que se ve desde el 
tejado de mi casa, y sí, le he cogido cariño... y me gusta. 

Tal vez alguien, desde alguna ventana vecina, me haya 
integrado en su paisaje y, como aquel niño de aquella película de 
miedo, le diga a su psicólogo: "En ocasiones veo muertos." Y es que sí, 
tal vez ya solo sea eso yo: un fantasma que flota en los tejados 
de mi ciudad soñando que aún sigue vivo... 

Pero en ocasiones como hoy amanezco y miro 
por la ventana y la vista se me llena de árboles de verdad, 
un pequeño parque donde también hay sitio para que una adolescente 
juegue a solas a baloncesto. Lleva ahí un buen rato, lanza, falla, va a buscar 
la pelota, tira otra vez, falla, hace gestos de rabia con la cabeza, tira, mira 
esperanzada, falla otra vez... Busca la pelota, se resigna, se relaja, 
lanza, y la pelota entra... Y lanzará más, y luego llegarán otras 
3 chavalas, y tirarán cada una con su pelota a la misma 
canasta hasta acabar juntándose para jugar un 
minipartido... y así pasará ella la mañana, 
debatiéndose entre el calor que sube 
y sus aciertos, y los fallos y los 
aciertos de las demás... 



Hay veces que me canso de intentarlo, 
miro atrás y no comprendo cómo no fui capaz de 
ver aquella jugada, cómo mis manos no dieron con la 
postura adecuada, cómo es posible que mi voz no supiera 
decir, o no supiera callar... Y sí, aprendí a intentarlo una y otra 
vez, a exigirme hasta la extenuación y a escribir y a borrar y a volver 
a escribir. A veces meto alguna canasta. A veces, incluso, meto 
varias canastas seguidas. A veces, también, siento que estoy 
en un equipo, y que nos coordinamos bien... 

Pero de normal soy como la mayoría: 
entrenamos y entrenamos y entrenamos hasta 
darnos cuenta de que nunca llegaremos a 
ser un Pau Gasol, y entonces... 

Entonces es cuando 
me enfado conmigo, y con 
el equipo, y con las rectas, y con 
las curvas, y busco encestarme en un 
pozo bien hondo donde nadie pueda encontrar 
mis ridículos ahogos... Sí. Entonces es cuando me 
enfado contigo. Y contigo. Y contigo también. 

O entonces es cuando recuerdo que hay que 
seguir entrenando, el corazón, la mente, el cuerpo, 
la vida. Seguir en la pista, entre los árboles, para saltar 
hacia el cielo y aterrizar firme en el suelo. Sí, seguir 
intentándolo. No perder la nueva oportunidad. 
Porque la canasta vuelve a estar 
ahí, mirándome. 








Y con un poco de suerte ella 
no se irá, como la otra vez, antes de 
que yo encuentre la manera de pintar en 
su mirada un brote de felicidad. 

Porque en ocasiones veo vidas. 

En ocasiones las veo. 



Ximo Segarra